martes, 22 de abril de 2014

Los animales con cerebro más grande tienen mayor capacidad de autocontrol

Las especies con cerebros más grandes tienen más autocontrol que las especies con cerebros pequeños, según un estudio liderado por la Universidad Duke (EE UU). Asimismo, la variedad en la dieta parece haber actuado como una presión selectiva para favorecer dicho autocontrol.


Los animales con cerebro más grande tienen mayor capacidad de autocontrol
El autocontrol es la capacidad de resistir el impulso de hacer algo que es tentador pero, en última instancia, contraproducente. Un equipo internacional de científicos ha estudiado esta capacidad, en un total de 567 animales de 36 especies diferentes, a través de dos tareas experimentales.

"Independientemente del tamaño de su cuerpo, a las especies con cerebros más grandes les fue mejor en las tareas de autocontrol que les planteamos”, declara a Sinc el científico Evan L. MacLean de la Universidad Duke, que lidera el estudio publicado en PNAS.

Ambas tareas tenían una fase de preparación y un componente de prueba. En la primera de ellas se les presentaba un cilindro opaco en el que tenían que recuperar un pedazo de comida del interior.

Cuando los animales fueron capaces de solucionar esta tarea, se utilizó un cilindro transparente. La solución al problema era el mismo –llegar desde un lateral de cilindro para recuperar la comida– pero ahora los sujetos podían ver la comida en el interior y tuvieron que resistirse a la tentación de llegar directamente al alimento, chocando con el tubo.

La segunda tarea consistió en estar familiarizados con la visión de un trozo de comida escondido en un objeto, y buscar en ese lugar para obtenerlo. Posteriormente, en los ensayos de prueba, los sujetos vieron la comida escondida en este mismo lugar y se les cambió visiblemente a una nueva ubicación antes de que se les permitiera realizar la búsqueda. Los sujetos tenían que resistir el hábito de encontrarlo en la ubicación anterior y hallarlo en la nueva.

"Los grandes simios, como chimpancés, bonobos, gorilas y orangutanes fueron los que mejor pasaron dichos experimentos, mientras que los monos ardilla (Saimiri sciureus) y arrendajos euroasiáticos (Garrulus glandarius) obtenían las puntuaciones más bajas en las pruebas”, asegura el experto.

Los autores trataron de encontrar correlaciones entre las capacidades cognitivas de la especie y una serie de medidas ecológicas, sociales y cerebrales. Evaluaron dos hipótesis sobre las presiones selectivas que pueden haber estimulado la evolución cognitiva: complejidad social y complejidad de la dieta.

Según MacLean, "las especies con dietas más amplias puntuaron más alto en las tareas de autocontrol. Por lo tanto, tener una dieta amplia –comer muchos tipos de alimentos de la naturaleza– puede requerir autocontrol y ser un factor importante para la innovación”.


En definitiva, los resultados sugieren que la alimentación y el tamaño del cerebro influyen en la evolución cognitiva. 
La extraña vida nocturna de los animales
Una hembra de gorila duerme con su cría recién nacida en el Zoo de...
Los flamencos duermen en el agua y sobre una pata, con un ojo abierto por si las moscas. Los delfines dejan medio cerebro despierto para saber cuándo tienen que subir a la superficie a buscar el aire. Las jirafas se despiertan cada dos horas y otean el horizonte por si acechan los depredadores. Los murciélagos descansan colgados boca abajo durante 20 largas horas: son los grandes dormilones del reino animal.
Los leones se pasan el día sesteando como los gatos, haciendo tiempo entre presa y presa. A los chimpancés les basta con seis u ocho horas diarias, como nosotros. Y los gorilas se distinguen finalmente porque tienen una necesidad imperiosa de preparar la cama antes de tumbarse a dormir con sus crías.
El documental de la BBC Animals at night: sleepover at the zoo ha explorado como nunca antes los hábitos nocturnos de unas cincuenta especies. La mayoría de las imágenes se han obtenido en cautiverio,con la ayuda de 32 cámaras de visión nocturna y 20 sensores de infrarrojos instalados en el zoológico de Bristol, que ha colaborado en el mayor experimento realizado hasta la fecha en el mundo animal (en el que también han participado con resultados sorprendentes los pulpos y las sepias).
«Hasta ahora se pensaba que los humanos necesitaban dormir más que otros animales porque somos especies más evolucionadas», asegura la naturalista Liz Bonnin. «Pero está cada vez más claro queel mayor determinante de las pautas del sueño es el medio natural. Una jirafa no necesita despertarse cada dos horas por razones cognitivas, sino por pura supervivencia. Necesita asegurarse de que no hay depredadores que pueden cazarla mientras duerme».
Aún en cautiverio, lejos de la amenaza permanente de la sabana,tanto las jirafas como los elefantes duermen rara vez más de tres horas seguidas. En contraste, los leones se pasan todo el día echando cabezaditas, sea de día o de noche. Los koalas, en cualquier caso, figuran entre los más remolones, con 14 horas diarias, superando con creces las nueve o diez que necesitan los osos perezosos.
«Una de las observaciones más curiosas en el zoo de Bristol ha sido quizás la de los gorilas», apunta Bryson Voirin, especialista en el sueño de los animales. «Noche tras noche, asistimos al ritual de la preparación de la cama por parte de mamá gorila, que puede estar diez minutos asegurándose de que la superficie es suficientemente cómoda para que ella y su cría puedan descansar plácidamente durante ocho horas».

Dormir con un solo ojo cerrado

Otro de los fascinantes ejemplos de adaptación del sueño al instinto de supervivencia es el de los suricatos. La manada suele hacer piña en torno a la matriarca, que se beneficia no sólo del calor en las frías noches del desierto del Kalahari, también de la alerta permanente de sus guardianes, que duermen con las orejas bien abiertas y receptivas a cualquier sonido más potente que el viento.
Liz Bonnin expresa también su sorpresa ante el estudio del sueño en los delfines, capaces de dormir la mayor parte del tiempo con un solo ojo cerrado y con medio cerebro, mientras que la otra mitad se mantiene alerta para subir a respirar a la superficie. «Las imágenes que hemos conseguido en el zoo de Bristol demuestran sin embargo que los delfines llegan dormir en períodos cortos con todo el cerebro», asegura Bonnin.
«En más de una ocasión hemos podido comprobar cómo descienden con todo su cuerpo al fondo de la piscina, y sólo reaccionan cuando tocan el fondo y se reactiva la mitad despierta». Patrick Miller, de la Universidad de St Andrews, ha logrado filmar por su parte a un grupo de cachalotes descansando en la superficie del mar y permaneciendo prácticamente inmutables hasta ser despertados por una motora, lo que demuestra la capacidad de algunas ballenas de alcanzar el sueño profundo e incluso soñar.
Otra especie estudiada de cerca es la del tiburón mielga, capaz de dormir en plena actividad natatoria, impulsado por su médula espinal y mientras el cerebro descansa, necesitado como está de perpetuo movimiento para que el agua oxigenada pase por sus agallas.
Uno de los mitos rebatidos es el de los albatros durmiendo en pleno vuelo. Según el doctor Niles Rattenborg, del Instituto de Ornitología Max Planck, el hecho de que algunas aves puedan volar «sin esfuerzo mecánico» no implica que lo hagan en pleno sueño, sino que se trata más bien de una técnica de vuelo. «Algunas especies han evolucionado para poder volar grandes distancias sin descanso y sin sueño», advierte. «En el caso de los albatros hemos hecho varios seguimientos que demuestran cómo paran habitualmente de noche y duermen flotando en el agua».

Dormir de pie, con una pata y un ojo abierto es algo habitual en las aves zancudas. Los caballos, por cierto, duermen el 98% del tiempo a cuatro patas, lo cual impide que alcancen un sueño profundo,al igual que sus parientes las cebras. Las ratas, aunque sean más activas de noche, tienen curiosamente unas pautas parecidas a las de los humanos, por eso son las cobayas perfectas en estudios sobre los trastornos del sueño.
Los perros llegan a ladrar en pleno sueño y los gatos deambulan sonámbulos, como queda demostrado a través de varios vídeos caseros sobre los animales domésticos. Uno de los hábitos más extraños de sueño ha sido el detectado en algunas especies de papiones, que duermen en una extraña postura, sentados y apoyándose en los talones, para evitar el sueño profundo.